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Conciencia pacífica, conscientes de
la paz
Michel Clasquin
Traducido desde el inglés
por José Manuel Atienza
¿Qué es la paz? ¿Es
simplemente la ausencia de guerra y de conflicto? Si este
es el caso, promover la paz es fácil. Todo lo que tenemos
que hacer es evitar las condiciones que llevan a la guerra.
Cierto, esto aún es mucho trabajo, pero no es difícil.
Muchos de los esfuerzos pacificadores que podemos ver en el
mundo están basados en esta idea. Si podemos evitar
que la guerra suceda, entonces lo que queda debe ser paz.
Incluso si la gente que vive en esa paz muere de hambre y
está plagada de enfermedades evitables, incluso si
vive en constante miedo por su vida a causa de agentes del
gobierno o criminales comunes, bueno, al menos su gobierno
no ha declarado la guerra a nadie.
¿O la paz es algo por derecho propio?
¿Es quizá algo que pueda ser desarrollado sin
referencia a su polo opuesto? ¿Es la paz puramente
una situación que se refiere a las relaciones, un estado
de asuntos entre tú y yo, o es también algo
dentro de nosotros, un estado específico de la mente
que nos llevará naturalmente a la paz en nuestras relaciones?
El Dhammapada nos dice, justo en
su capítulo de apertura, que el odio no se acaba con
más odio. En cambio, el odio solo se acaba cuando es
reemplazado por el amor. Por analogía, podemos decir
que nunca puede haber una «guerra que termine con todas
las guerras». La guerra solo engendra más guerras,
incluso si es de un tipo más sutil. Solo cuando es
reemplazada por la paz, la guerra desaparece del mapa. La
paz, por tanto, no es lo opuesto a la guerra. Es un conjunto
diferente de factores que niega la guerra. Piénsalo
de esta manera: el agua no es lo puesto al fuego, pero puede
extinguirlo. El fuego no es lo opuesto al agua, pero puede
evaporarla. El agua y el fuego se afectan mutuamente de muchas
formas, pero cada uno existe, de momento, como un montón
de factores con su propia realidad. Puedes definir el fuego
sin mencionar el agua; puedes describir el agua sin referirte
al fuego.
Así, si tú y yo estamos en
paz, no podemos estar en guerra. Ahora surge la pregunta:
¿Puedo estar en paz contigo si estoy en un estado de
guerra interior? Puedo pretender que lo estoy, pero eso es
solo cambiar la guerra abierta por una guerra encubierta,
una guerra fría entre tú y yo. Solo podemos
estar en paz el uno con el otro si estamos en paz en el interior
de nuestras mentes. Incluso si la más ligera pizca
de guerra interna permanece dentro de uno de los dos, habrá
guerra. No necesariamente la guerra violenta de explosiones
y balas, sino, como mínimo, una guerra de indirectas,
de sarcasmo, de ingenio a costa de otra gente, pensando que
somos superiores comparados con los otros. Sí, es una
mejora con respecto a la violencia física, pero aún
no es paz.
¿Qué es esta guerra interior
que nos lleva a la guerra exterior? En términos budistas,
es una contradicción entre la forma en que son las
cosas y la forma en que nosotros queremos que sean. Todo es
transitorio: yo quiero que duren para siempre tal y como son
ahora. Todo es impersonal e insustancial: yo quiero que mi
'alma' sea real y sustancial. Todo es insatisfactorio: no
importa, ¡divirtámonos!
Realmente queremos que las cosas sean diferentes
a como son, y nos sentimos decepcionados una y otra vez. Y
entre esas 'cosas' nos incluimos tú y yo. Yo quiero
que tú seas diferente. Yo mismo quiero ser diferente.
Y el universo, al que no le importan para nada mis deseos,
continúa yendo como si de todos modos fuera a hacerlo.
Aunque eso no importa. Si las cosas no marchan como yo quiero
que marchen, simplemente rechazaré el verlas. En psicología
esto se llama disonancia cognitiva. El genio del Buda
consistió en ver cuán profundo es este rechazo
a ver lo que está justo ahí enfrente nuestro,
cuánto colorea esto cada pensamiento que tenemos. Estamos
en guerra con la forma en que son realmente las cosas, en
guerra con la realidad misma. ¡No es de extrañar,
entonces, que esté en guerra contigo!
Pero supón que pudiera, de alguna
manera, aprender a ver la realidad tal cual es. Supón
que pudiera dejar de desear que las cosas fueran fundamentalmente
diferentes. Entonces, al menos, estaría en paz, y podría
mostrarte cómo hacer lo mismo. Entonces habría
paz entre nosotros.
Sin duda puedes ver adonde no lleva esto.
La verdadera paz solo es posible entre dos seres perfectamente
iluminados. La paz es el hábitat natural de los budas.
El resto de nosotros estamos en guerra.
Los seres perfectamente iluminados tienden
a escasear hoy en día. Esta es, después de todo,
la kali yuga. Así pues, ¿dónde
nos deja esto a los seres imperfectamente no iluminados?
Dando un paso cada vez, ahí es donde
nos deja. Inspirando, espirando. Poniendo un pie delante del
otro. Cuando te sientes, simplemente siéntate; cuando
comas, simplemente come; cuando escribas un artículo
para el Insight Dhármico Colectivo, simplemente escribe
el puñetero artículo. Hay un poquito de paz
en esto, un pequeño y temporal armisticio. Pon todos
esos pequeños momentos de paz juntos, y en algún
lugar en el lejano futuro su número excederá
al de los momentos de guerra. ¿Y la permanente y siempre
duradera paz universal? Pon esos pensamientos de tu mente.
Da el siguiente paso. Inspira, espira
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