|
Vivir bien es la única venganza
Kate Lila Wheeler
Traducido desde el inglés
por el equipo de traducción del IDC
Este año, si sois de los Estados Unidos,
parece claro que hay algo que podéis hacer por la paz
mundial: votar en contra de George W. Bush. Todo el mundo
con el que hablo en nuestro ahora completamente dividido país
dice lo mismo, y no podemos comprender cómo o dónde
puede haber tantas personas que sientan justo lo contrario,
que la paz solo puede venir votando a ese hombre, a esa cabeza
armada, a ese fanático deshonesto y avaricioso
También está claro que un
voto para Kerry (no para Nader) no puede marcar por sí
mismo la diferencia. Así que este año, como
muchos amigos que nunca se han pensado como políticos,
he intentado expandir nuestra influencia. He protestado contra
la guerra, realizado mis primeras contribuciones a la campaña,
pegado mi primera pegatina en el coche
Ayer, con la
noticia de que Bush va en cabeza de nuevo, tomé la
determinación de unirme a unos amigos que han conducido
muchas millas por otros estados para animar a las mujeres
solteras a registrarse como votantes. No podría vivir
conmigo si Kerry perdiese y no hubiese hecho algo un poco
más extraordinario para impedirlo. Estas nos parecen,
a mis amigos y a mí, las elecciones más importantes
de nuestro tiempo, una decisión entre deslizarse a
un conflicto aparentemente irreversible, pobreza y destrucción
medioambiental, o alejarse, quizás, de tanta violencia
y destrucción.
Bush es como un mulá llamando a destruir
al 'enemigo'. Mi maestro birmano de meditación, lo
mismo que el tanta Kalachakra, definen a una persona barbara
o subhuamana como aquella cuya ilusión termina de este
preciso modo: con una justificación para matar a otros
seres como parte de la religión. Parece claro que en
los Estados Unidos esta es un reacción ignorante ante
el miedo, difundida ampliamente entra la población.
En las culturas musulmanas hay carencia, desesperación
y odio. No creo que ellos estuvieran en lo correcto al atacarnos,
pero tampoco nosotros estamos en lo correcto al atacarles
como lo hemos hecho. Está claro que la amenaza de otro
ataque terrorista es real, pero Bush lo está complicando,
haciendo enemigos de aquellos que antes eran incluso nuestros
amigos. Su rebaja de impuestos para los ricos, sus jugosos
acuerdos para sus amigos ricos, su falta de voluntad para
emplear dinero en ayudar a otros países o asegurar
el material nuclear ruso, socavan sus aparentes compromisos
y promesas. ¿Cómo puede estar engañando
a tanta gente? Creo que es honesto decir que, para variar,
esta vez se trata de un asunto de blanco o negro.
Es aterrador ver cómo se va aquello
de nuestro país en lo que confiábamos, especialmente
cualquier afirmación de honestidad e integridad. Ahora
comienzo a comprender la desesperación de vivir bajo
una tiranía corrupta y peligrosa. Parece importante
creer que podemos ganar, como si de algún modo esta
actitud pudiera afectar el resultado. Pero ¿qué
sucede si perdemos las elecciones? Recordad la última
vez: ¡Bush ni siquiera ganó! ¡Podría
volver a hacer trampa! Están poniendo maquinas de votación
electrónica y no verificable en estados donde el resultado
es incierto e importante.
¿Podemos emigrar a Canadá?,
¿irnos a vivir a Bali? ¿O, lo que es más
probable, tendremos que quedarnos y seguir trabajando y haciéndolo
lo mejor que podamos?
Trato de encontrar espacio para la paz mental,
de reducir los efectos del miedo y la desesperación,
de asegurar que mi práctica espiritual continúe
y de no ver los discursos republicanos porque eso me perturbaría
demasiado. Tampoco dejo de desarrollar sabiduría y
compasión según las formas tradicionales en
las que confío. Ayer, aniversario del 11S, pasé
el día en un retiro. Hablamos sobre asegurarnos de
que nuestra práctica de meditación aprenda de
lo que está sucediendo en todo el mundo.
Si no hago las paces con el terror, el dolor
y el odio, reaccionaré demasiado pronto y, de alguna
manera, con violencia. Dominada por una necesidad de abatir
y cortar los sentimientos insoportables, o me rindo o ataco.
Así que tengo que tratar de cambiar este patrón.
Hacer las paces con la confusión antes de escoger una
respuesta. Sentir mi propio dolor significa hacerlo propio
y comprender que se trata del mismo dolor que cualquier otro
podría sentir en estas circunstancias. Dejando que
los sentimientos se asienten, emergen gradualmente una confianza
y una claridad sobre lo que se debería hacer.
|