Budismo chan (zen chino)

En ocasiones se ha dicho que el budismo chan es un «atajo hacia el despertar». A continuación veremos qué tiene de especial esta tradición budista que adquirió su sabor particular mediante la práctica y la enseñanza de eminentes maestros chinos entre los siglos vi-ix.

Las enseñanzas chan son herramientas que nos ayudan a deshacernos de las múltiples identificaciones que nos impiden reconocer nuestra naturaleza esencial de paz, sabiduría, amor y compasión. Es como si esta fuente inagotable de energía positiva —nuestra única posesión verdadera— se encontrase oculta entre capas de densas nubes; las enseñanzas chan nos ayudan a ver a través de las nubes para que así podamos reconocer nuestro rostro original y liberar su tremendo potencial.

Puerta de BaolinSi la práctica chan ha de dar sus frutos, debemos comenzar observando los entrenamientos éticos, que nos ayudarán, entre otras cosas, a minimizar los momentos de sufrimiento y a maximizar los de felicidad. Además, la práctica de los entrenamientos éticos y de la meditación facilitará que nuestra mente se calme. Y es en esa serenidad mental donde nuestra naturaleza búdica innata puede manifestarse.

En resumen, la práctica chan consiste en soltar lastre, en liberarnos del apego a aquello que creemos ser para reconocer aquello que somos en realidad, nuestro verdadero hogar, y esto no se trata sino de aceptar plenamente el aquí y ahora, que se encuentra más allá de toda conceptualización. Podemos aclarar lo anterior mediante una metáfora tomada del Sutra surangama:

El polvo extranjero es como un invitado que se detiene en una posada para pasar la noche o comer, y tan pronto como cumple su cometido, recoge las cosas y continúa su viaje, pues no tiene tiempo que perder. El anfitrión de la posada no va a ninguna parte. El que se queda es el anfitrión; el que no se queda, el invitado. En consecuencia, una cosa es extranjera cuando no se queda.

En otras palabras, en un cielo despejado, cuando se levanta el Sol y sus rayos entran en la casa por una apertura, se puede ver cómo se mueve el polvo en el rayo de luz, mientras que el espacio vacío permanece inmóvil. Por lo tanto, lo que está quieto es la vacuidad, y lo que se mueve, el polvo.

En esta metáfora, el anfitrión es nuestra naturaleza real de paz, sabiduría, amor y compasión, mientras que los invitados representan a las cosas, a los fenómenos, a los procesos que son transitorios, interdependientes y que no pueden aportar satisfacción o paz verdadera (véase Las tres características de la existencia), que es la meta del budismo. Cuando nos des-identificamos de los invitados, volvemos a adoptar nuestra posición de anfitrión de forma natural; en esto consistió el despertar del Buda y en esto consiste la práctica del budismo chan.

Por último, y especialmente para aquellas personas dadas a altos vuelos intelectuales, debemos advertir que el anfitrión y los invitados son inseparables, pues no hay anfitrión sin invitados ni invitados sin anfitrión. Aunque, ¿quién sabe?, tal vez prefiráis leer que la vacuidad (anfitrión, conciencia o gnosis) y la forma (invitados, procesos o fenómenos) son coalescentes.

Los métodos del budismo chan

El principal método de práctica chan es la sencilla aceptación ecuánime del aquí y ahora. Esto significa que debemos aprender a aceptar con atención plena cada uno de los momentos de nuestra existencia sin aferrarnos a ellos ni rechazarlos. Este punto lo ilustra muy bien un poema que compuso el venerable Tianhuang Daowu (748-807):

Compórtate de forma natural y ligera;
permite que todo siga su ritmo;
libérate de todo apego.
Eso basta para asegurar el despertar completo.

Por lo demás, en los primeros tiempos del budismo chan, la enseñanza transcurría de manera natural durante la convivencia entre los maestros y sus estudiantes. El siguiente caso, protagonizado por Bodhidharma (f. 532), el primer patriarca del budismo chan en China, y Dazu Huike (487-593), su sucesor, nos ayudará a comprender cómo era entonces la vía:

—Maestro, por más que lo intento no puedo apaciguar mi mente.
—No te preocupes, enséñame tu mente y la apaciguaré por ti.
—Maestro, es que, por más que trato de encontrarla, no la encuentro.
—¡Eso es!, ¡ya está!, ¡ya he apaciguado tu mente!

En ese momento, Huike experimentó un despertar profundo. Nuevos problemas surgieron con el paso de los años, pues la mayoría de los estudiantes perdieron la capacidad de captar esa enseñanza sutil y los maestros se vieron obligados a desarrollar métodos de práctica más formales.

El despertar silencioso

Antes decíamos que el método principal del budismo chan es la aceptación ecuánime del aquí y ahora, el método del despertar silencioso es el más próximo a esa enseñanza esencial.

En pocas palabras, el despertar silencioso consiste en regular el esfuerzo necesario para estar presentes aquí y ahora. Podemos dividir este camino en tres fases:

1.ª Nuestra mente del mono se muestra muy alocada, con pensamientos, imágenes y emociones que nos arrastran constantemente de acá para allá. Aquí debemos aplicar un esfuerzo continuo para recuperar nuestra posición de anfitriones y desarrollar la concentración necesaria que nos permita observar profundamente.

2.ª Nuestra atención presenta cierta estabilidad, hemos desarrollado cierta concentración. Los pensamientos, imágenes, emociones y demás siguen acercándose a la posada, pero ya no nos entretienen con sus conversaciones; podemos ser conscientes sin dejarnos enredar. Sin embargo, de vez en cuando nos olvidamos de que somos los anfitriones y nos identificamos con alguno de los invitados de la posada. Entonces, en cuanto nos damos cuenta de que estábamos perdidos, debemos regresar de inmediato al aquí y ahora, a la observación ecuánime del momento presente.

3.ª Nos hemos acostumbrado a nuestro papel de anfitriones. No nos dejamos arrastrar. Estamos plenamente anclados en el aquí y ahora. No obstante, sigue presente la falsa idea de un yo autoexistente o eterno. Entonces debemos observar profundamente y tratar de descubrir quiénes somos en realidad, no quedarnos atrapados en esta etapa.

Como podéis ver, el despertar silencioso se trata de un método muy sutil que se asemeja mucho al método esencial del budismo chan. Podemos practicar el despertar silencioso en cualquier postura: sentados, caminando, de pie o acostados. No os dejéis engañar por esos tipos que dicen que la meditación se limita a la postura del loto.

Daremos ahora unas pautas para el ejercicio del despertar silencioso en la posición sentada, cuya esencia, una vez que la asimiléis, la podéis aplicar al resto de vuestra vida cotidiana: fregar, cepillarse los dientes, trabajar, pasear, comprar…, cualquier cosa.

El primer paso consiste en elegir un buen lugar para la meditación. Un sitio tranquilo y con aire fresco es una buena opción. Lo siguiente es adoptar una postura corporal correcta. Es importante realizar las sesiones de meditación con el estómago vacío y con ropa suelta. La clave de la postura es que nos sentemos con la espalda erguida, respetando siempre su curvatura natural, es decir, no la tensamos demasiado pero tampoco permitimos que se hunda en exceso.

Los ojos, por regla general, deben permanecer semicerrados; la lengua, tocando el cielo del paladar, justo encima de los dientes superiores; la barbilla ligeramente metida hacia dentro; las manos apoyadas dulcemente sobre el regazo: la derecha, con la palma hacia arriba, descansa sobre la izquierda, también hacia arriba; los pulgares se tocan.

El siguiente paso, y el meollo del asunto, es ser conscientes de la respiración.

La respiración, si no tenemos problemas que nos lo impida, se realiza siempre por la nariz. No forzamos la respiración, sino que permitimos que siga su ritmo natural; no nos importa si es profunda o superficial. Debemos sentir la respiración a cada momento, no vale con notar su comienzo o final, debemos ser conscientes de todo el proceso. Debemos prestar atención mientras el aire entra en nuestro cuerpo y también mientras sale, debemos ser conscientes de los intervalos que se producen entre la inspiración y la espiración.

Podemos seguir la respiración poniendo nuestra atención en las fosas nasales o bien en el movimiento hacia arriba y hacia abajo del abdomen.

El método de la cuenta

Durante la primera fase del despertar silencioso la mente se encuentra muy excitada y es fácil que nos olvidemos de la respiración para implicarnos en las increíbles historias de la mente del mono; por eso existen ejercicios como la cuenta de la respiración para ayudarnos.

Inspiramos y al exhalar anotamos mentalmente «uno», volvemos a inspirar y con la exhalación siguiente nos decimos «dos»; y continuamos así hasta llegar a diez. Entonces repetimos el proceso, pero en orden inverso, es decir, comenzamos anotando «diez», «nueve» y así hasta llegar a uno. Debemos recordar sentir la respiración en cada instante, no solo cuando comienza a entrar o a salir el aire.

Después repetimos el ciclo: contamos hacia arriba y hacia abajo, hacia arriba y hacia abajo… Si nos perdemos no pasa nada, no debemos preocuparnos ni culparnos por ello, sencillamente comenzamos el ejercicio de nuevo. Cuando hayamos logrado cierta estabilidad mental y podamos seguir la respiración sin vernos distraídos por los habitantes de la posada mental, podemos dejar de contar y limitarnos a seguir la respiración tranquilamente.

Los koans

Otra práctica del budismo chan son los koans. Los koans están especialmente dirigidos a las personas pensativas e intelectuales, aunque en un momento dado pueden suponer un gran acicate para cualquiera.

¿Qué es un koan? Un koan es una especie de acertijo chan que el maestro o la vida le propone al estudiante. Si el estudiante conecta con un koan, este pasa a ocupar la mayor parte de sus pensamientos y energía. Por ejemplo, en una persona puede surgir la siguiente incertidumbre: «¿Qué significa realmente ayudar?», y convertirse para ella en algo muy importante. Esta persona no puede quitarse la pregunta de la cabeza, pero por más vuelta que le da, no halla ninguna respuesta que le satisfaga plenamente. Como podrá comprenderse, los koans sirven también para despejar la mente de pensamientos errantes y concentrarla en una sola cuestión.

Cuando un koan se apodera de un estudiante, este se aplica a fondo para encontrar la respuesta y presentársela a su maestro, ya se trate de un maestro de carne y hueso o de su maestro interior. Veamos un caso tradicional para aclarar un poco el tema:

—Maestro, ¿qué he de hacer ahora?
—Soltarlo todo.

A los pocos días el estudiante vuelve a visitar a su maestro:

—Maestro, lo he intentado soltar todo, pero hay algo que no puedo soltar.
—¡Suéltalo!
—¡No puedo!
—Entonces llévalo contigo.

¿Qué significa este acertijo, este koan? Precisamente eso es lo que el practicante debe descubrir. Comenzará pensando una y mil cosas sobre el koan, y cada vez que crea haber encontrado la respuesta, se la presentará al maestro. El maestro intentará hacerle dudar, tratará de determinar si la respuesta es correcta, es decir, si nace desde la claridad o bien se trata tan solo de un trocito de mente conceptual. Si la respuesta no es satisfactoria, el maestro dirá a su estudiante: «Vuelve la semana que viene», o algo parecido. Finalmente, el practicante que se aplique con total sinceridad a su koan obtendrá una profunda claridad sobre su significado, sobre la esencia de la realidad, y se habrá liberado de parte de su carga.

En este punto es conveniente que distingamos entre los koans muertos y los koans vivos. Los koans muertos se encuentran en las historias de los viejos maestros chan. El problema con estos koans es que estaban dirigidos a estudiantes particulares en un momento concreto de sus vidas, y bien pudiera suceder que el estudiante contemporáneo no sintonice con esos viejos koans. Por ello, en el budismo chan preferimos los koans vivos. Los koans vivos son los que surgen de manera natural, sin buscarlos, durante la práctica silenciosa del estudiante. Unas palabras del venerable Bankei (1622-1693) nos ayudarán a comprender este punto:

En los últimos tiempos, adonde quiera que vayas, te encuentras con maestros zen que utilizan «viejas herramientas» [koans muertos] al tratar con sus pupilos. Parecen pensar que no pueden actuar sin ellas. Son incapaces de enseñar de forma directa, de confiar en ellos mismos y ayudar a sus estudiantes con sus propias herramientas. Estos monjes ciegos, si no tienen sus «herramientas zen» a mano, son incapaces de tratar con la gente.

Aun peor, dicen a los practicantes que si no pueden generar una «gran bola de duda» y penetrar a través de ella, no puede haber progreso en el zen. En vez de enseñarles a vivir en su mente búdica, les fuerzan a generar esa bola de duda por todos los medios. Los que no tenían duda se ven encorsetados por una. Convierten su mente búdica en «bolas de duda». Es del todo erróneo.

No se trata de que los koans sean un método poco apropiado, de hecho, cuando se entiende su práctica correctamente, son muy útiles y poderosos. La idea es que el estudiante debe trabajar siempre con koans vivos, con koans que le importen realmente, y no esforzarse en despertar una «bola de duda» que no tiene. Mientras no surja la necesidad de trabajar con un koan, es mejor aplicarse a los métodos más esenciales del budismo chan; pero cuando el koan aparece de manera natural, bienvenido sea.

El huatou

Otro método de práctica del budismo chan es el huatou, que literalmente significa «cabeza de palabra». Podemos decir que el huatou es la madre de todos los koans. En resumen, el huatou consiste en encontrar una respuesta para la gran pregunta: «¿Quién o qué soy yo en realidad?».

El practicante debe trabajar esta pregunta con todos sus medios hasta dar con una respuesta satisfactoria. Como en el caso de los koans, la verdadera respuesta solo puede llegar en forma de claridad repentina desde la atención plena. El practicante debe tratar de descubrir dónde nacen los pensamientos, a dónde van. Debe observar profundamente todo aquello que cree ser y comprobar mediante la visión profunda si realmente es aquello.

La Tierra Pura

En el budismo chan también se emplean ciertas prácticas de las escuela de la Tierra Pura como la recitación del nombre del buda Amitabha (Amito en chino), que simboliza nuestra naturaleza esencial de amor, justicia y comprensión.

Para aplicar este método, el estudiante repite una y otra vez, en todo momento y circunstancia, ya sea mentalmente o en voz alta, el nombre del buda: «Namo Amitofo, namo Amitofo, namo Amitofo…» (namo significa «honor», fo significa «buda», así que namo Amitofo significa «honor al buda Amitabha»). La recitación del nombre del buda es como una gran escoba que nos sirve para echar de la posada a todos los invitados, de este modo, una vez que la posada esté vacía, nos resultará sencillo adoptar nuestra posición de anfitriones.

Existe otro método de la Tierra Pura que se encuentra muy próximo a la práctica esencial del budismo chan: la confianza en el buda Amitabha. Sin embargo, como este método es muy similar a la aceptación plena del aquí y ahora, no entraremos en detalles.

Si eres seguidor de una tradición abrahámica (judaísmo, cristianismo e islam), deberías tener en cuenta la prohibición de hacer imágenes, inclinarse u honrar a cualquier otra divinidad que no sea el Dios único. Esto no te impide utilizar el método de la recitación del nombre, basta con que entiendas a los budas y bodhisattvas como símbolos tradicionales para referirse a determinadas virtudes. No obstante, te aconsejamos sustituir el nombre de buda por otra fórmula más adecuada a tu religión.