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Baolin Tantra:
el camino más directo hacia la salud y el despertar espiritual

Los antiguos maestros sabían que la energía sexual 精氣 (jīngqì) es la clave de la salud y el despertar. Como dijo el anciano Péng Zǔ 彭祖 en la dinastía Shāng (1600-1046 a. e. c.): «La energía sexual es la más básica de las energías humanas». Los maestros tenían razón. Todos los seres humanos nacemos a partir de un espermatozoide masculino y un óvulo femenino que se unen para dar lugar a lo que podríamos llamar nuestra célula original o cigoto (palabra derivada del griego y que literalmente significa ‘uncido’, es decir, unido). A partir de la gestación, esta célula original, la unión de las energías sexual femenina y masculina, se divide hasta formar un ser humano completo, que se compone aproximadamente de ¡65 billones de células!
Este sorprendente origen de la vida humana no deja de maravillarnos y nos revela la gran importancia y poder de la energía sexual. Desafortunadamente, hemos convertido la sexualidad en una práctica de cosificación, una simple búsqueda de placer sensual donde valoramos a nuestra compañera o compañero sexual como mera fuente de placer. Lejos de elevarnos, esta sexualidad neurótica es en gran medida responsable de nuestras enfermedades y falta de energía liberadora.
Por tanto, no resulta extraño que el primer paso del trabajo energético o qìgōng 氣功 consista precisamente en aprovechar la esencia sexual 精 (jīng), que hemos recibido de nuestros padres, para transformarla en la energía vital 氣 (qì) que nos permite vivir con salud y alargar nuestros días. Con el fin de lograr este objetivo se suelen recomendar distintas prácticas meditativas, como mantener la atención centrada en un lugar llamado dāntián 丹田, situado en el abdomen inferior. Y aunque ciertamente es una práctica eficaz a la larga —se necesitan años de esfuerzo constante para recoger los frutos—, existe otro camino más gozoso, rápido y potente: el qìgōng sexual, al que también podemos llamar tantra sexual o sexualidad sagrada. Desafortunadamente este camino ha permanecido oculto durante milenios y pocos lo han transitado.
El qìgōng o tantra sexual ha permanecido oculto por varias razones. Por una parte, se trata de un método peligroso. Es necesaria la guía de un maestro cualificado, pues de lo contrario es muy fácil autodestruirse. No basta con estudiar textos antiguos, necesitamos la orientación de una persona experta. Bien utilizado, el qìgōng o tantra sexual es la práctica más potente para la salud y el despertar espiritual, pero mal empleado tiene el efecto contrario: devastar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu.
Por otra parte, los gobernantes siempre han temido a la energía sexual que, manejada con sabiduría, es la mayor fuerza revolucionaria, y por eso han perseguido con saña estas enseñanzas. De ahí, por ejemplo, que durante siglos nos hayan intentado convencer de que María (Myriam) de Magdala, la mujer de Jesús (Yeshúa) de Nazaret, era en realidad una prostituta, o de que Jesús fue concebido sin mediación sexual.
Siendo conscientes de la peligrosidad del método y sufriendo la persecución de los gobernantes, los maestros de sexualidad sagrada han guardado el secreto, transmitiéndolo de generación en generación únicamente a aquellos estudiantes que demostraban merecerlo. De ahí que no podamos depender tan solo de los textos antiguos, pues los maestros reservaron partes esenciales de la enseñanza para la transmisión oral e introdujeron algunas trampas como medidas de seguridad (no se trata de que los tiranos se vuelvan más poderosos y longevos, ¿verdad?). Por tanto, estas enseñanzas que proporcionan gozo y poder, que nos llevan rápidamente a la salud y al despertar espiritual, precipitando así la transformación social, son una riqueza de valor incalculable, un tesoro muy difícil de encontrar; incluso muy pocos maestros de qìgōng, tantra o zen las conocen realmente.
Además de aportarnos vitalidad y salud, el qìgōng o tantra sexual nos permite reunir las energías femenina 陰 (yīn) y masculina 陽 (yáng), recuperar nuestra conexión consciente con el tao 道 (dào) y experimentar el wújí 無極 (literalmente, ‘sin límites’, es decir, el infinito), la experiencia espiritual más elevada.
El tao es la ley de la naturaleza. Por tanto, hacernos conscientes de nuestra conexión con el tao significa experimentar una completa unión con todo lo que nos rodea, descubrir que somos uno con el universo. Como relata el psiquiatra Albert Stunkard (1922-) acerca del doctor D. T. Suzuki (1870-1960), introductor del budismo zen 禪 (chán) en occidente:
Lo que sucedió es que estaba caminando por las mismas viejas escaleras hacia la puerta de la montaña. Dijo: «Mientras subía las escaleras tuve la convicción de que era lo mismo que los árboles a los lados de las escaleras, y no fue que dejase de ser yo mismo, pero era los árboles».
En el mundo del qìgōng a este paso lo llamamos transmutar la energía vital 氣 (qì) en espíritu 神 (shén); en el zen hablamos de mente unificada.
Casi la experiencia espiritual más elevada, pero todavía es necesario que nuestro yo se disuelva en el infinito o wújí. Un error muy frecuente en la historia de la espiritualidad ha sido confundir la mente unificada con el final del camino. ¿Por qué no lo es? Porque aunque el pequeño yo se haya convertido en el gran yo, la mente pequeña en la gran mente, la experiencia sigue girando en torno a la ilusión del yo. Por tanto nos queda un último paso, que en qìgōng llamamos transmutar el espíritu 神 (shén) y volver al vacío 虛 (xū), y en el zen, experimentar la vacuidad de uno mismo y el resto de los fenómenos. No obstante, nuestro camino tampoco termina aquí, no se trata de que una experiencia determinada sea la meta final, sino de incorporar nuestras comprensiones a la vida cotidiana y transmutarla, un proceso sin fin, como el mismo wújí.
El verdadero qìgōng o tantra sexual es el camino más gozoso, rápido y potente para alcanzar estas alturas. Desafortunadamente, muchas personas afirman enseñar sexualidad sagrada, pero en realidad se quedan muy lejos de la meta, perdidas en la falda de la montaña y causando numerosos problemas para sí mismas y para los demás.
Casi todo el neo-tantra se limita a jugar con la energía sexual sin comprender realmente de qué se trata ni qué hacer con ella, por eso no resulta extraño que muchas personas se hayan dañado gravemente en estos grupos. Además, en vez de llevarnos hasta el infinito o wújí, estas prácticas infundadas acrecientan nuestro egoísmo y, por tanto, nuestra experiencia de desunión o separatividad. Estas personas son como el maestro ciruela, que no sabía leer y puso escuela. Es una pena ver el gran daño que se está haciendo en nombre de una práctica tan hermosa, por eso ha llegado la hora de levantar parte del secretismo y dar a conocer las enseñanzas y prácticas milenarias de la verdadera sexualidad sagrada en beneficio de todos los seres sensibles.
Las personas inspiradas a seguir el maravilloso camino de la sexualidad sagrada deberían ser conscientes de que antes de poder iniciarse necesitan cumplir un prerrequisito básico: vivir de manera positiva desde la bondad del corazón.
El camino del qìgōng o tantra sexual no tiene nada que ver con orgías, intercambios de pareja, sexo sin compromiso ni nada por el estilo. No se trata simplemente de celebrar la sexualidad, sino de comprenderla y aprender a utilizarla para realizar la unión de los opuestos y reconectar con nuestro verdadero yo, es decir, el no yo, el infinito, wújí. La verdadera unión de los opuestos, de lo masculino y lo femenino, ocurre simultáneamente a todos los niveles del ser: cuerpo, mente, espíritu, conciencia y voluntad, y esto solo puede suceder en el contexto de una relación amorosa, lo que implica necesariamente una relación comprometida.
Véase también:
Sutra que proclama el método secreto que permite a un hombre y a una mujer experimentar el gozo de la budeidad en este mismo cuerpo
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